Uso de la vivienda

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¿Quién se queda con el uso y disfrute de la vivienda conyugal tras el divorcio?

 El uso de la vivienda conyugal corresponde a los hijos y al cónyuge en cuya compañía queden, tanto si la vivienda pertenece a los dos cónyuges como si es privativa de cualquiera de ellos. Normalmente también el cónyuge que la usa ha de pagar su correspondiente hipoteca si la hubiere.

Ahora, con la reciente sentencia de noviembre de 2018, el Tribunal Supremo viene a puntualizar que lo que fuera vivienda conyugal dejará de serlo en el momento en que el cónyuge que se quedó en el uso de la vivienda rehaga su vida en ella con una tercera persona.

Ello obedece al hecho de que es de justicia material que esa tercera persona contribuya a la nueva unidad familiar de convivencia, pues de lo contrario estaría disfrutando de una vivienda que es propiedad parcial del cónyuge que ya no habita en ella y está pagando un alquiler en otra casa para residir. Y en tanto en cuanto este tercero deberá contribuir económicamente con cuanto menos el importe de vivir en esa vivienda, se estaría beneficiando injustamente el cónyuge que quedó en el uso de la vivienda.

Por supuesto, el límite a esta excepcionalidad lo constituye el interés y protección de los hijos que conviven en dicho domicilio.

Atribución del uso de la vivienda familiar: limitación temporal en divorcio sin hijos o con hijos emancipados.

Distinto sería el caso en el que el matrimonio no ha tenido hijos o éstos son mayores de edad e independientes económicamente en el momento de la separación, y la vivienda fuera ganancial. En este caso podría asignarse un uso alternativo del mismo hasta que se ejecute la correspondiente liquidación de la sociedad de gananciales.

Ello si la situación económica de los mismos fuera similar puesto que si hay una parte claramente necesitada, se asignará temporalmente el uso a dicha parte. E igual ocurre con los gastos derivados del uso de la vivienda. Pero siempre con un límite temporal.

La casuística es muy amplia. Imaginemos que la vivienda fuera privativa. En tal caso aunque la regla general es la asignación de la misma a su titular, podría no ser así si el no titular fuera la parte débil económicamente tras la ruptura.

En vivienda que es de alquiler la mecánica es la misma, permitiendo la Ley de Arrendamientos Urbanos que ello sea así simplemente comunicando al propietario quién queda en el uso del contrato.


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