Portada » Blog » Consecuencias económicas del divorcio » Pension de alimentos » La pensión por desequilibrio en el divorcio español

En el día de hoy, nuestros compañeros de SuperAbogado nos cuentan como ha sido la evolución de la pensión por desequilibrio en España, desde la entrada de la Ley de Divorcio de 1981. Esperamos que os sea de interés.

¿Qué es la pensión por desequilibrio?

Que España era una democracia joven, es sabido por todos. Pero lo que mucha gente desconoce es que hasta el tercer año de democracia no se aprobó la primera Ley de Divorcio en 1981. España fue hasta hace nada, un estado confesional cuya religión oficial era el catolicismo, que prohíbe la ruptura del matrimonio a no ser a causa de nulidad canónica.

Así fue que en las primeras sentencias de divorcio civil, lo usual era dictaminar una pensión por desequilibrio económico de carácter vitalicio y favor de la esposa, debido a que en la práctica quedaba en una situación económica muy precaria (y más en una época dónde lo habitual era tener dos hijos o más).  La situación caía de lleno en lo estipulado en el artículo 97 del Código Civil actual, que viene a decir que para el establecimiento de tal pensión se tendrá en cuenta la dedicación pasada presente y futura al cuidado de los hijos, junto con la edad, el estado de salud y las posibilidades de acceso a un trabajo.

Precisamente esa última frase fue la que ha cambiado con el paso del tiempo: ya hemos dicho que en 1981 el acceso al mercado laboral para una mujer era en todo caso para trabajos de escasa cualificación y salario (manufacturas, alimentación, hostelería, servicios domésticos, etc.) y como un mero complemento o subsistencia más que como un salario capaz de otorgar autonomía económica.

Pero lógicamente la sociedad avanzó, sobre todo con la entrada en 1986 en la (por aquel entonces) llamada Comunidad Económica Europea. Para ello hubo que pasar requisitos muy estrictos de cumplimiento de derechos fundamentales, entre los que lógicamente estaba la igualdad. Aún así, los primeros divorcios en España eran entre personas de mediana edad con hijos en edad escolar, que simplemente no pudieron divorciarse hasta la entrada en vigor de la ley a principios de los años ochenta. Sucedía entonces que las pensiones por desequilibrio eran muy altas y las de alimentos de escasa cuantía y como una suerte de factor de corrección del número de hijos.

Cambios legislativos relacionados con la pensión por desequilibrio en los 90

Fue entonces más o menos a finales de los años 90 cuando empezó a observarse cambios en los criterios de la Doctrina del Tribunal Supremo.  Si tardaron tanto en pronunciarse y adaptarse a los nuevos tiempos fue por dos motivos interrelacionados: en aquel entonces la separación legal mediante sentencia era obligatoria como paso previo para la concesión del divorcio, y además la casación ante el Tribunal Supremo funcionaba como una especie de tercera instancia, lo que producía en la práctica un retardo de diez años entre el cambio social y el cambio jurisprudencial.

A partir de finales de los noventa y el nuevo milenio, hay un aumento paulatino de la pensión de alimentos llegando en muchos casos a la equivalencia con la pensión por desequilibrio. También se dan los primeros casos de pensión temporal para la esposa e incluso denegación o reducción de aquella si se liquidaba previamente la sociedad de gananciales y la mujer cobraba su parte en “metálico”.

La llegada del “divorcio express”

Pero la mayor evolución y cambio sobreviene a partir de la promulgación del llamado “divorcio express”  en 2005, junto con las políticas de igualdad del gobierno de Zapatero, a partir de las cuales no solo se suprime la obligatoriedad de la sentencia de separación previa al divorcio, sino que además son cada vez más numerosos los divorcios dónde se establece la pensión por desequilibrio económico con carácter temporal (a medida que las mujeres van accediendo al funcionariado y puestos de trabajo de mayor salario y responsabilidad). Además y por vez primera las pensiones de alimentos superan en montante total a las de desequilibrio económico, convirtiendo la guarda y custodia de todos los hijos en el objetivo final de cualquier abogado matrimonialista encargado de defender a la esposa.

También a principios del siglo XXI, con la irrupción de Internet en nuestras  vidas, comenzó un movimiento de padres divorciados llamado “26/4” -en alusión al número de días que la madre y el padre pasaban respectivamente con sus hijos- que en cierta medida provocó una “llamada de atención”  a la sociedad y a la justicia, alertando de la injusticia económica y afectiva que suponía el divorcio para el progenitor, sobre todo si se comparaba con la madre.

En el 2010 un cambio legislativo (la supresión de la pensión de viudedad para las divorciadas que no hubieran obtenido la pensión de divorcio) provocó un aumento de las “hostilidades” en las rupturas matrimoniales en torno a la guardia y custodia de los hijos, (en aquella época la pensión por desequilibrio ya estaba en retroceso y minoría frente a la de alimentos), lo que finalmente derivó en una salomónica y trascendental sentencia del Tribunal Supremo que establecía en el verano de 2013 -y por vez primera en España- la Custodia Compartida.

Tal situación (de igualdad absoluta en cuanto a periodos de cuidado de los hijos por parte de ambos progenitores) no solo paliaba la desigualdad, discriminación y alienación parental que los hombres habían sufrido en las separaciones y divorcios sino que además provocó en la práctica la desaparición en tales casos de la pensión de alimentos de carácter económico, obligando a padre y madre a satisfacerla en “especie”: comprando la ropa, alimentos y medicinas necesarias durante los periodos que estuviesen con uno u otro.

Conclusiones

La conclusión es que a medida que la mujer se incorporó en calidad y cantidad al mercado laboral, desapareció la pensión por desequilibrio económico, sustituida casi en su totalidad por la de alimentos a los hijos, siendo que posteriormente esta –a través de la custodia compartida- en tales casos, se abona en especie.

Y por si alguien pensase que el cuidado de los hijos a partes iguales y por periodos idénticos era algo excepcional o infrecuente, el Tribunal Supremo ha tenido ocasión de seguir extendiendo tal concepto aclarando que la regla general es la custodia compartida, siempre que al menos lo solicite uno de los cónyuges y no implique un notorio perjuicio para los menores, ya que se ha observado que es la situación más beneficiosa para ellos. ¿supone el fin de las pensiones económicas de cualquier tipo dentro del divorcio? El tiempo lo dirá pero la tendencia es a su paulatina excepcionalidad y desaparición a medida que la mujer y el hombre se equiparen en condiciones laborales y familiares.


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